Herramientas para la gestión de los Riesgos Psicosociales en el Sector Educativo

Documentación del proyecto

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Situaciones de violencia de terceros en los centros escolares

Uno de los riesgos a los que están sometidos las personas en el desempeño de su trabajo deriva de la interrelación con otras personas. Los comportamientos violentos en el entorno laboral pueden suponer un importante riesgo para la salud y seguridad de las personas.

Normalmente existe la tendencia a asociar la violencia con la agresión física. Sin embargo, y a pesar de no existir una definición única de violencia en el lugar de trabajo, el concepto de violencia debe ser más amplio que el de la mera agresión física (pegar, golpear, empujar, etc.) y debe incluir y comprender otras conductas susceptibles de violentar e intimidar al que las sufre. Así, el concepto de violencia en el trabajo debe incluir también: insultos, amenazas, rumores malintencionados y otras formas de acoso psicológico.

En este apartado vamos a hablar de la violencia de terceros, que es la producida por personas ajenas a la empresa, en este caso la ejercida por el alumnado y/o sus familias.

Durante el 2009, en un proyecto de la FPRL llamado “La violencia en los centros escolares como factor de riesgo psicosocial en los trabajadores de la enseñanza” obtuvimos los siguientes datos relacionados con la violencia escolar:

Un 7,4 % del profesorado encuestado afirmaba haber sufrido alguna vez una agresión por parte del alumnado y un 4% por parte de sus familiares.

Un 54,4 % ha sido insultado alguna vez por parte del alumnado y un 10 % con cierta frecuencia(mensualmente). Mientras que han sufrido insultos por parte de las familias 24% alguna vez y 2% con cierta frecuencia.

Respecto a las amenazas por parte del alumnado, el 32,4 % del profesorado declara haber sido amenazado alguna vez y el 5,7 % es amenazado, al menos, con cierta frecuencia.

Es importante prestar atención a las formas de violencia que se producen en el trabajo, evitando asumir éstas como parte integrante del trabajo, pues pueden tener importantes efectos sobre las personas que los sufren y sobre los que son testigos.

Para dar respuesta a este tipo de violencia, y dentro del Diálogo Social Europeo, las principales organizaciones patronales y sindicales europeas, elaboraron un conjunto de directrices multisectoriales relacionadas con la violencia a terceros.

Aunque hay diferencias sectoriales y organizativas en relación con la violencia de terceros, los elementos clave de las buenas prácticas y las medidas para solucionarla son comunes a todos los entornos laborales.

Un marco político adecuado se sustenta en los siguientes elementos concretos:

  1. Información y consulta permanentes entre directivos y trabajadores.
  2. Definición clara de la violencia y el acoso de terceros, dando ejemplos de las diferentes formas que pueden adoptar.
  3. Información apropiada a estudiantes y familiares, destacando que no se tolerarán ninguna forma de violencia hacia los trabajadores y que se emprenderán acciones legales si fuera necesario.
  4. Evaluación de riesgos que contemple las diferentes ocupaciones laborales, centros de trabajo y prácticas laborales permite la identificación de problemas potenciales.
  5. Diseño de respuestas y prácticas apropiadas, por ejemplo:
    1. Gestionar las expectativas mediante la aportación de información clara sobre la naturaleza y el nivel de servicio que deben esperar estudiantes y familiares, y los procedimientos para que los terceros puedan expresar su insatisfacción.
    2. Incorporar en el diseño del lugar de trabajo entornos más seguros.
    3. Oferta de herramientas apropiadas para salvaguardar a los trabajadores, por ejemplo, canales de comunicación, supervisión, medidas de seguridad, etc.
    4. Acuerdos de cooperación con las autoridades públicas pertinentes como policía, justicia, servicios sociales e inspecciones de Trabajo.
  6. Formación adecuada para la dirección y empleados que incluya la seguridad general en relación con las tareas laborales y el entorno laboral, y que pueda incorporar competencias más específicas como las técnicas para evitar o gestionar los conflictos; procedimientos para supervisar e investigar cualquier acusación de acoso o violencia de terceros, e informar a las víctimas sobre el avance de cualquier investigación o acción.
  7. Políticas claras sobre el apoyo prestado a los trabajadores expuestos al acoso o violencia de terceros: tipo de asistencia médica, jurídica, etc.
  8. Requisitos claros en cuanto a la notificación de incidencias por parte de los trabajadores y las medidas adoptadas para proteger a dichos trabajadores de posibles represalias y abordar el tema con otras autoridades públicas, por ejemplo, policía y organismos de salud y seguridad, dentro de las prácticas y procedimientos nacionales.
  9. Políticas claras sobre cuándo es apropiado presentar quejas, informar de un delito o compartir información relativa a los autores de la violencia de terceros con otros empleadores y autoridades públicas, respetándose la integridad personal, la confidencialidad, las obligaciones jurídicas y los principios relativos a la protección de datos.
  10. Procedimiento transparente y eficiente para el registro de datos y cifras con el fin de supervisar y garantizar el seguimiento de los procedimientos y políticas.
  11. Medidas para garantizar que tanto la dirección, como trabajadores y terceros conocen bien el marco político.

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